Rostros arriesgados, ojos brillantes de humedad
desnudos en igualdad de condiciones
deshechos de franqueza mirando el techo
reservaron sus respectivas soledades.
Bajo la piel, desgraciados y felices,
entre la insaciable ternura del vicio
y el atrevido jaleo de espermas
precipitaron hasta el alba.
Destartaladas las frases y las lágrimas
extravagante propósito, soberbio corazón,
marcharon a ningún sitio
lánguidos "te quiero" distraídos de una boca.
Pulverizados, complacidos, adormecidos,
irreverentes trataron de explicar
que fuese lícito avivar los ritos
enajenando la verdad.
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