Existe la violencia del silencio
Si no existiera, los ojos no podrían
Moverse en ningún modo, de Óscar Oliva
Vivo en el borde interior
donde el oído cabalga como un pez
para agarrar los muertos que lloro
inclinada en el pasto que mira orejas.
Escucho el mar que deja caracoles en la costa
y piernas abiertas con serpientes
desde el cóccix, el ombligo y más arriba.
Vivo este encandilamiento de boca
que no sabe donde va.
Respiropiano en las azoteas
con gatos arañando tu sexosatélite.
Soy la garganta en el músculo.
Liquidobeso detrás de los nervios.
Soy el útero,
escutipajo de leche y baba,
la palabra indecible,
piedra.

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